Dejemos que Habite, por Zulma Tigani

Dejemos que Habite.

“Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes” Efesios 3:17 (TV)

ENTONCES: Una palabra que indica consecuencia o fin al que se encamina algo: “entonces” (en la NTV) o (“para” en otras versiones).  

La presencia y acción del Espíritu Santo en nosotros es la presencia de Cristo mismo, esto fue lo que vino a mi mente mientras lo leía: 

El Espíritu Santo nos fortalece pero a medida que confiamos en Cristo, y entonces él habitará en nuestro corazón.

Permíteme explicarme. 

Hay una gran diferencia en tener a alguien como huésped o visitante y alguien que habita, mora,  en nuestra casa. 

La persona que habita se establece, goza de los mismos derechos que el resto de sus habitantes. 

Muchas veces, aunque somos cristianos y decimos que Cristo vive en nuestro corazón, lo tenemos más bien como un huésped al que no le dejamos habitarestablecerse. Ni a que toque cosas intimas. ¿Por qué? 

Varias razones, mi carácter, culpa, pecado,…

¿Por qué necesitamos fuerza espiritual para dejar morar a Cristo en nosotros? Es porque hay algo en nosotros que se resiste a la influencia de Jesús a morar en nosotros. Ese algo puede ser conquistado mientras damos lugar al Espíritu Santo para que nos de la victoria sobre la falta de confianza, o falta de fe.

Cristo se establece, se adueña de nuestro corazóncuando voluntariamente lo dejamos al mostrar que confiamos en él.

Normalmente no abrimos la puerta a extraños, y si lo hacemos, solo les dejamos llegar hasta la sala. Algunas amistades tienen acceso a nuestro comedor y cocina. Pero solo los más íntimos han estado en nuestra recámara, ¿cierto? Igual pasa con el Señor. Le limitamos el acceso a áreas de nuestra vida porque, son nuestras, son intimas. La verdad sea dicha, no queremos que haya cambios en esas aéreas, y no deseamos que nadie se entrometa en MI INTIMIDAD. Incluso aunque digamos que sí, es de labios para afuera.

Solo la confianza en Jesús, confianza real, hará que el Espíritu Santo pueda establecerse, habitar en nuestros corazones. Confianza real es confiar cuando no entiendo,  o no me gusta, porque no es como yo pensaba. Cuando me quedo sin trabajo, o llega alguna enfermedad, llega el divorcio, o vivo en una situación que me supera, pero a pesar de todo eso,…  aun así poder decir: confío en que Jesús tiene mi vida en sus manos, voy a estar bien.

El resultado de confiar así  aun en esas circunstancias es que nos arraigamos en el amor de Dios.

Vamos a abrirles el corazón, con plena confianza, y dejemos que Jesús y el Espíritu Santo se conviertan en moradores y no un huéspedes, y dejémosle entrar a todas las habitaciones.

                                                                                  Zulma Tigani

Ministerio Internacional Mamás que Oran – www.mamasqueoran.com  

Coach Certificada, con especialización en Inteligencia Emocional y Desarrollo de las Competencias Emocionales. 

Egresada del Seminario Bíblico. 

Estudios Universitarios de Ceremonial y Protocolo. 

Autora de dos libros. “Soñar, esperar y ver” y “Matrimonio…de eso se trata”

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