Día 33/40 días con el Nuevo Testamento, la nueva campaña del Ministerio Internacional Mamás que Oran

Hoy leemos los 5 capítulos del libro de Santiago. Ver link: https://www.biblegateway.com/passage/?search=Santiago+1&version=RVR1960

“Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia… para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada” (Santiago 1:2-4)NVI

Hace unos meses estuve en New York, exactamente tres semanas antes que se declarara la pandemia del Covid-19. Ya estaba en Estados Unidos pero no se sabía.
Todo estaba bien hasta que mi esposo comenzó a sentirse muy mal, su estado incluía dolores de estómago, le bajaba la presión y estaba súper deteriorado.

¿Si yo estaba asustada? Sí, claro!!!

Sin embargo, y a pesar de todo entendí, que el temor no me conduciría a nada. Por lo tanto determiné mi estado de ánimo y traté -dentro de lo posible- de mantener la calma y esperar el desarrollo de los acontecimientos que no se presentaban nada bien.
De pronto mi esposo y yo íbamos en una ambulancia rumbo al hospital donde quedó internado, con muchos dolores.
Yo corriendo de un lado a otro haciendo trámites, buscando teléfonos, hablando con medio mundo. No solo en el hospital sino con la familia pidiendo oración, inmediatamente pusieron a los intercesores en acción.
Mientras él se retorcía de dolores.
Los doctores y enfermeras, lo revisaban y le ponían suero y lo medicaban.
Ya habían pasado nueve o diez horas de estar ahí viéndolo sufrir, sin descanso alguno.
Me ponía mal verle tan dolorido, y el enemigo hacia su parte: estorba y arroja sus dardos a nuestras mentes.

Después de mucho tiempo y oración intercesora de TODOS, los médicos decidieron hacer una tomografía general con contraste, el diagnostico era: “NO SABEMOS QUE TIENE”, con cara de es “GRAVE”, puede ser algo en el hígado o en el estómago; no sabemos aún.

Les cuento esto porque, me puse a pensar que a nivel espiritual nos sucede lo mismo. Dios nos va sometiendo a “pruebas” cada cierto tiempo, para ver cuán fuerte está nuestra fe, nuestro espíritu y para que podamos ver lo que hay en nuestro corazón.

La fe es probada a través de las pruebas, y no es producida en las pruebas. Las pruebas revelan qué tipo de fe tenemos, no es que Dios no sepa qué tipo de fe tenemos, sino para hacer nuestra fe evidente a nosotros mismos y a aquellos alrededor de nosotros.

Es un hecho que en la vida nos vamos a enfrentar a pruebas, no hay dudas al respecto. El asunto es que muchas veces nos asustan, como me paso a mí.

Cuando las circunstancias que vivimos no son agradables ni siquiera llevaderas, tenemos que escoger dónde poner la esperanza.
La Palabra de Dios es un caudal de esperanza que Él nos ha regalado.
Pero ningún regalo es útil guardado en un rincón. Tenemos que darle el uso necesario.
El verdadero amor que es Jesús y la FE en Él, echa fuera el temor.
Es una garantía porque no se puede confiar y temer a la misma vez.

Santiago nos aconseja que lo veamos de otra manera, que sean más bien para nosotros una dicha porque al final producirán un fruto maravilloso.
Pareciera paradójico pensar que una prueba de tal magnitud como las tantas que nos llegan a la vida, pueda producir paciencia, cuando en realidad lo primero que solemos perder es la paciencia.

El Señor es nuestra fuerza. Incluso en los días en que las noticias nos dejan sin fuerzas, en aquellos en los que el dolor de otros o el nuestro nos desespera.
Él es nuestra fortaleza, él multiplica las fuerzas del que no tiene ninguna.
El Señor es tu fuerza hoy, sea lo que sea que estés pasando.

Yo estaba recibiendo todo tipo de ataque a mi mente de parte del diablo. Pero cuando hablaron de una tomografía, vino con más fuerza y hasta me trajo a la mente los resultados negativos.

¿Cómo entonces nos dice Dios en su Palabra que nos consideremos dichosas al pasar por las pruebas y que nos darán constancia, de tal modo que llegaremos a ser perfectas e íntegras? La respuesta está en los versículos que siguen en la carta de Santiago: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie” (Santiago 1:5 NVI).
¡Dios nos dará la sabiduría para pasar la prueba, cuando no sepamos cómo!

En un momento cansada, sin comer ni beber nada durante tantas horas, me senté, porque hasta ahí, solo caminaba de un lado a otro. Entonces la Palabra de Dios vino a mí como un bálsamo en medio de tanto ajetreo y confusión.

Salmos 112:7-8 RVR1960
«No tendrá temor de malas noticias; Su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, Hasta que vea en sus enemigos su deseo».

Recuerda que las pruebas tienen su blanco puesto en nuestra fe, en cuánto realmente confiamos en Dios.
No se trata de entender, de tener una explicación. Se trata de creer, se trata de FE… porque seremos bendecidos si así lo hacemos.

La desconfianza nos lleva al temor y el temor a la duda y la incertidumbre con muchas preguntas: ¿Y, qué pasará? ¿Cuál será la nueva batalla que tengo que enfrentar? ¿Y si pierdo lo que tengo? ¿Y si no alcanzo lo que sueño? ¿Y si enfermo? ¿Y si pierdo un ser querido? ¿Y si fracaso? ¿Y si me quedo solo? ¿Y si soy engañado o traicionado? ¿Y si muero con esta pandemia? Cuántos temores de malas noticias pueden anidar en nuestro corazón, pero la única forma de mantenerse firme y no tambalear es tener un corazón confiado en Dios.
La conducta futura de Dios siempre será Su amor cubriendo nuestras vidas y alentándonos a seguir adelante.

Pidamos al Señor sabiduría en estos procesos, para ser guiados en los pasos para lograr salir de la situación.

No tengas temor de malas noticias, usa la Fe que Dios te dio, adquiere sabiduría, quita el temor de tu vida y se libre!

Pablo, mi esposo recibió una dosis más fuerte de calmantes, y le pudieron hacer un estudio, no había nada malo, fue UN VIRUS, podría ser una gastroenteritis pero no estaba claro.

Luego de 13 o 14 horas dentro del hospital, salimos a las 5 AM a la calle caminando, sin dolor ni temor alguno.

Mucho frío, -2 grados y mucho viento, yo desabrigada, porque salí solo con una remera y una campera cuando nos fuimos en la ambulancia.
A los dos días tenía dolor de cabeza, anginas, fiebre, tos y me dolía todo el cuerpo. Pensé tome frío, o me contagié cuando hablé con todos los teléfonos del hospital para que me dieran la orden de internación.
Tomé antibióticos, paracetamol y pastillas con miel para el dolor de garganta, que había llevado (no se hablaba del Covid19 hasta ese momento en NY).

Y así dos días después el 9 de febrero emprendimos el regreso, llegamos el 10. Yo me sentía muy mal, llamamos al doctor. Diagnostico lo ya dicho: anginas con pus de los dos lados y faringitis, tos, los pulmones bien pero, no paraba de toser, hasta casi ahogarme. No me dejaron salir por dos semanas. Les recuerdo que aun no se hablaba aquí en Argentina del Covid19. (Tres semanas después de llegar a Argentina, declararon que había llegado a NY). Vuelvo a llamar al doctor. La tos me dejaba si aire. Radiografías de los pulmones y NADA, cambio de remedios, dos semanas otra vez. Llamar nuevamente al doctor, faringitis y otros antibióticos y la tos que no me dejaba ni hablar. Hasta que hace 20 días comencé a sentirme bien y ya estoy sana para la Gloria de Dios.

Dios nos dio la victoria. La prueba había pasado, nuestra Fe se fortificó, y aprendimos a tener más paciencia y a ser más sabios ante las circunstancias que debemos enfrentar.

por Zulma Tigani, una Mamá que Ora desde Buenos Aires, Argentina

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