La Paternidad de Dios: Hay un momento en nuestras vidas cuando Dios nos manda a llamar, por Andrea Cortez de Morel

Al pensar en la paternidad, lo primero que se viene a mi mente es la hermosa imagen entre
un padre y su hijo. Es una imagen que tengo muy presente, porque hace más de 23 años que la disfruto, al ver a mi esposo y a mi único hijo varón compartir la vida, es algo que llena el alma, corazón y espíritu.

Observarlos charlar, sonreír, abrazar, jugar, hacer salidas de hombres. Tantas cosas lindas y otras que quizás no lo son, como alguna discusión o momentos difíciles de atravesar. Pero más allá de lo que pueda suceder, el verlos juntos es algo que no tiene precio.

Ahora, imaginar la paternidad de Dios, es aún un gran desafío en mí. Pero la historia a través de la cual, más identificada me siento, es la de Mefi-boset. Muchos me podrán decir, “pero la del hijo pródigo es mejor “ y ahí es donde quiero intentar marcar la diferencia entre una y otra. No es que una sea mejor que la otra, es que una habla sobre el quiebre y la restauración entre la relación de un padre y un hijo (el hijo prodigo) y la otra nos muestra una adopción (Mefi-boset y el rey David).

Vamos a conocer un poquito más a Mefi-boset: a la edad de 5 años perdió a su papá
Jonatán y a su abuelo el rey Saúl. Debido a esta tragedia, su niñera, lo tomó en brazos y
huyó apresuradamente por temor a que el nuevo rey David los asesinara, a pesar de haber
sido el mejor amigo de su papá. En medio de esta huída, el niño se le resbaló y cayó al
suelo, quedando así, lisiado de ambas piernas, pasó de príncipe a mendigo, pasó de vivir en un palacio a vivir en Lodebar, un lugar desesperanzador, de miseria, tristeza, soledad, de dolor y despojado de fe.

En Lodebar se refugiaban los endeudados, los despojados, los perseguidos, los abusados, los golpeados por la vida, era una aldea para los malditos de la sociedad.

¿Cuántos de nosotros nos podemos identificar con Mefi-boset ? Su nombre significa “el que esparce vergüenza”. ¿Cuántos de nosotros estuvimos o aún estamos viviendo en Lodebar ?

Por decisión y responsabilidad propia, en cuanto a nuestras acciones equivocadas, o por decisión de otras personas, como en el caso de Mefi-boset.

Sufrimos pérdidas, el temor nos invade, aunque haya mucha gente alrededor, estamos
solos, huérfanos, el dolor nos aturde, las personas nos presionan, nos juzgan, nos dan
instrucciones, “hace esto o aquello” porque es mejor para tu vida. Tenes que deshacerte de
ese embarazo, tenes mucho futuro por delante; divorciate, te mereces a alguien mejor; hay
que hacer lo que sea para crecer económicamente, si no tenés no vales. Entonces cada día
que pasa vamos creyendo mas y mas estas palabras, creemos y sentimos que merecemos
estar allí, en medio de traumas físicos, emocionales, espirituales, familiares y sociales.

Pero nos tiene que quedar muy en claro, que Lodebar es un lugar que está de paso, no es una tierra para que nos quedemos a vivir.

Al igual que David con Mefi-boset, hay un momento en nuestras vidas, donde Dios nos manda a llamar.¡¡ Que hermoso !! poder tener siempre presente ese acontecimiento, ese instante en el que conocemos a nuestro papá adoptivo.

Leamos la historia en 2 Samuel 9: 5-13 TLA:
El rey mandó traer a Mefi-boset, y cuando Mefi-boset llegó al palacio, se inclinó delante de
“David en señal de respeto. Entonces David exclamó:
-¡Mefi-boset!
-¡Para servir a Su Majestad!

  • respondió.
    David le dijo:
    -No tengas miedo, en memoria de tu padre Jonatán, voy a cuidar de ti. Voy a devolverte
    todas las tierras de tu abuelo Saúl, y de ahora en adelante comerás en mi mesa.
    Mefi-boset volvió a inclinarse delante de David, y dijo:

-¿A qué se debe que Su Magestad me trate asi? ¡Un perro muerto y yo somos la misma
cosa!
Entonces el rey llamó a Siba y le dijo:

  • Todo lo que antes fue de Saúl y de su familia, voy a dárselo a Mefi-boset.
    Quiero que tu y tus hijos y sirvientes trabajen la tierra de Mefi-boset, y le den todo lo que
    cosechen, para que nunca le falte comida. Aunque de todos modos él siempre comerá en
    mi mesa.
    Como Siba tenía quince hijos y veinte sirvientes, le dijo al rey:
    -Yo estoy para servir a Su Majestad, asi que hare todo lo que usted ordene.
    Y desde ese momento Siba y todos sus familiares quedaron al servicio de Mefi-boset y de
    su hijo Micaías. Como Mefi-boset no podía caminar, se quedó a vivir en Jerusalén, y
    siempre comía en la mesa de David, como uno más de sus hijos.”
    Me encanta este relato, porque al igual que Mefi-boset nos encontrábamos o quizás aún
    nos encontramos en el peor lugar. Pero nuestro papa espiritual, con amor y bondad nos
    busco y a muchos los está buscando en este mismo momento, como dice Oseas 11:4 NVI
    “Lo atraje con cuerdas de ternura, lo atraje con lazos de amor. Le quite de la cerviz el yugo, y con ternura me acerqué para alimentarlo.”

Podemos leer en las distintas versiones bíblicas el énfasis que hizo David, el repitió una y
otra vez, “¡Siempre comerá en mi mesa! ¡Comerá siempre a mi mesa! ¡Comerá aquí, a mi mesa!” Mefi-boset desde ese momento comió siempre a la mesa de David como uno más de los hijos del rey.

Lo mismo hace nuestro Padre Celestial, todos los días prepara la mesa, un banquete, para
que nos sentemos con él a disfrutar, para que conversemos, para que compartamos, para
que nos riamos o quizás lloremos, pero siempre en Su Presencia, ya no más en Lodebar.

Ahora tenemos un papá, que nos mima, que nos quiere, que nos protege y defiende, que nos corrige sabiamente y con amor, que no se avergüenza de nosotros ni de dónde venimos, tenemos un papá que conoce todos nuestros defectos, pero que nos acepta tal y como somos, no nos juzga, ni nos hace sentir culpables, todo lo contrario, nos da seguridad, firmeza, confianza, esperanza, nos enseña que si nos agarramos fuerte de su mano, todo va a estar bien. Su amor y su gracia son constantes sobre nuestras vidas, y tenemos el privilegio de poder llamarlo ¡¡Abba Padre!! pa, papi, papito, daddy!!

Nuestro padre se deleitará al escucharnos y nosotros disfrutaremos de Su Presencia y en su presencia. Una nueva identidad se irá formando en nosotros, fundada en su esencia, su perfume será el nuestro, porque somos sus hijos y cada día que pase seremos más y más parecidos a Él.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Juan 1:12-13

Por Andrea Cortez de Morel

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