“Yo me voy a extender” – Me extiendo, superando la incredulidad, por Daniel Zangaro, Ph.D. Doctor of Ministry in Christian Counseling @ Doxa International University

aleMe extiendo, superando la incredulidad

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Marcos 9:23-24

Mucho podemos hablar acerca de la fe sin ejercitarla. Escuchar encendidas prédicas motivacionales, las cuales están muy de moda en la actualidad, y nada aprender acerca de como fortalecer nuestra fe. Podemos asistir a congresos con rimbombantes consignas acerca de la conquista y como debemos dar audaces pasos de fe, sin que efectivamente se produzca un cambio a la hora de enfrentarnos con nuestros propios gigantes. Por lo tanto, es posible que mas allá de lo que escuchemos y de lo que intelectualmente hayamos aprendido, tengamos ciertas dificultades prácticas al momento de poner nuestra fe en práctica y enfrentar a nuestros propios gigantes.

En el pasaje citado vemos que había un padre extremadamente preocupado por su hijo y no es para menos, estaba endemoniado. Lo primero que hizo este padre fue llevar su necesidad a Jesús, confiaba aún a pesar del intento fallido de los discípulos por liberarlo, El lo podía hacer. El padre dijo acerca de lo que le pasaba su hijo: “Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Si puedes hacer algo, no parece una declaración que exprese demasiada fe, sin embargo ante esto, Jesús le responde: todo es posible para el que cree. Como diciéndole, si tú lo puedes creer, entonces es posible.

Es llamativo que el padre le dice a Jesús “si puedes hacer algo” y Jesús le contesta “si puedes creer”. El padre lo que está preguntando en realidad es: ¿Puedes hacerlo? Y Jesús le responde ¿puedes creer? Porque para el que cree todo es posible. 

El padre, quizás como muchos de nosotros, al examinar su propia fe, sintió que no era suficiente, es decir, que su fe no estaba a la altura de lo que el milagro requería. Por lo tanto, dijo algo que en mi opinión, es de una honestidad y sinceridad digna de imitación: “creo, ayuda mi incredulidad”. 

Cuantas veces, al igual que este padre nos debatimos entre la fe y la duda, el temor y la audacia, entre escuchar la voz de Dios en su Palabra y oír nuestras propias voces que nos llevan a dudar. ¡Que sincero fue este padre! y cuantas veces nosotros tenemos una visión tan distorsionada de nuestra propia fe, pensando que es muy grande y al pasar el tiempo y al enfrentar ciertas pruebas, nos damos cuenta de que todavía había mucho camino por andar en el fortalecimiento de nuestra fe.

Así y todo, en el padre de la historia había una medida de fe, quizás tan pequeña como un grano de mostaza pero suficiente para dar origen a un enorme árbol. Podemos preguntarnos al leer esto ¿pero entonces el padre creía o no creía?, porque hasta parece contradictorio que diga, creo pero ayuda mi incredulidad. Probablemente creía pero el impacto de la realidad se levantaba tan fuerte sobre su vista que se transformaba en un obstáculo para desarrollar su fe.

Que fácil es escribir, predicar o enseñar sobre la fe y que difícil suele ser la aplicación práctica. El padre de la historia fue sincero, no se puso una máscara de “súper creyente” y de esta manera su pequeña dosis de fe posibilitó un precioso milagro del Señor.

Por todo esto, te invito a reflexionar en dos puntos que me llaman la atención: En primer lugar, el de ser honesto en cuanto a las dudas, temores, pensando con cordura acerca del tamaño de nuestra fe. Segundo: recuerda que tu medida de fe es suficiente para que Dios se glorifique, porque aún en nuestra incredulidad recibimos la ayuda de Dios.

Quizás en estos casos y como sugiere Jerry Falwell en su libro “Building Dynamic faith” la primera oración debiera ser: Señor ayuda mi incredulidad, ayúdame a aumentar mi fe. Los discípulos de Jesús también le pidieron esto. (Lucas 19:5)

Sabemos que una cosa es orar y otra muy distinta es orar en fe, viendo las cosas que no son como si fueran, andando por fe y no por vista, orando conforme a la voluntad de Dios y declarando sus promesas para nuestra vida. Desarrollar nuestra fe implica extendernos mas allá de nuestra propia incredulidad, esto es algo que solo puede lograrse desarrollando nuestra intimidad con Jesús. Cuanto más tiempo pasemos con El y Su Palabra nuestra fe podrá extenderse y así alcanzar nuevos niveles en nuestra vida espiritual.

por Pastor Daniel Zangaro, MA, Ph.D. Doctor of Ministry in Christian Counseling @ Doxa International University

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